El ciclo del miedo y fracaso?

 

DOS PERSPECTIVAS
El escritor J. I. Packer dice: «Un momento de triunfo consciente hace que uno sienta que después de esto nada realmente importa; un momento de desastre consciente lo hace a uno sentir que es el fin de todo. Pero ni el sentimiento es real ni el suceso es lo que pareciera ser»
Los hermanos Wright no se durmieron en los laureles. La emoción de lo logrado aquel día de diciembre de 1903 no los hizo creer que ya estaba todo hecho. Al contrario, siguieron experimentando y trabajando, y finalmente el público reconoció sus triunfos. En contraste, Langley dejó que su momento de desastre lo hiciera pensar que ese era el fin.  Abandonó sus experimentos. Dos años más tarde sufrió un derrame y un año después falleció. Y hoy día, cuando aún los niños de los primeros grados de la escuela han oído de los hermanos Wright, Langley es recordado solo por sus relativamente pocos fiascos en el campo de la aviación.
CUANDO EL FRACASO ATACA EL CORAZÓN
 Lo que le pasó a Samuel Langley ocurre en la vida de demasiadas personas en el día de hoy. Dejan que los fracasos afecten emocionalmente lo mejor de ellos y les impida seguir esforzándose por alcanzar sus sueños.
Digámoslo de una vez. El fracaso puede ser muy doloroso, a veces físico y, con más frecuencia, emocionalmente. Ver irse al suelo parte de su visión realmente duele. Y si por sobre eso la gente lo ridiculiza, usted se sentirá aun peor. El primer paso realmente importante en controlar el fracaso es aprender a no personalizarlo sobre la base de saber que su fracaso no lo hace a usted un fracasado. Pero hay aún más que eso. Para muchas personas el dolor del fracaso las lleva a temer el fracaso. Y llegan a ser como aquella persona que dice: «Soy demasiado viejo para llorar, pero el dolor es muy grande como para reír». Así es como muchas personas se quedan atrapadas en el ciclo del miedo. Y si el miedo lo vence a usted, es casi imposible transformar los fracasos en triunfos.
UN CICLO QUE USTED NO QUERRÁ EXPERIMENTAR
Observe lo que típicamente le ocurre a alguien que no puede vencer el temor del fracaso y queda atrapado en el ciclo del miedo
Experiencias negativas previas hacen que la persona desarrolle un temor al fracaso que da inicio al ciclo. Por ejemplo, digamos que alguien que experimentó el fracaso fue un niño que trató de vender confites puerta a puerta para reunir dinero para su escuela. Cuando adulto, ese niño se encuentra en una situación que parece similar, y teme fracasar de nuevo.
Sea que se trate de un vendedor que necesita hacer llamadas a los clientes o de un pastor con la misión de visitar personas en sus hogares, aquel fracaso de la infancia puede generar temor. El temor al rechazo crea inacción. Y al no actuar, la persona no adquiere experiencia en tal situación, que es la clave para aprender y vencer obstáculos futuros. La falta de experiencia crea la incapacidad de desenvolverse en situaciones similares. Y eso, finalmente, crea y aumenta el temor. Mientras más tiempo se mantiene el miedo, más difícil será romper el ciclo.
EL MIEDO AL FRACASO DETIENE LOS ESFUERZOS POR  SALIR ADELANTE
La inacción que resulta cuando las personas caen en el ciclo del temor toma diversas formas. A continuación tres de las más comunes que he observado:
1. Parálisis
Para algunas personas, el temor al fracaso provoca una parálisis casi absoluta. Dejan de tratar de hacer cualquier cosa que pueda llevarles al fracaso. El presidente Harry S. Truman dijo: «El peor peligro que podemos enfrentar es el de paralizarnos por las dudas y temores.
Este peligro es provocado por los que abandonan la fe y se burlan de la esperanza. Es provocado por los que difunden el cinismo y la desconfianza y tratan de negarnos la gran oportunidad de hacer el bien por los demás». La gente cuyo miedo los paraliza renuncia a toda esperanza de salir adelante.
2. Indecisión
Otras personas mantienen la esperanza de superar los fracasos pero nunca se deciden a hacerlo. Alguien llamó a la indecisión el abono que hace crecer las dificultades. Víctor Kiam lo expresó en una forma más categórica; él la llamó el asesino natural de las oportunidades.
La indecisión le roba a la persona su tiempo, su productividad y su potencial. Como dijo el presidente John F. Kennedy: «Todo plan de acción tiene sus riesgos y su costo, pero no tienen punto de comparación con los riesgos y costos de una cómoda inacción». La indecisión es un precio demasiado alto a pagar por temor al fracaso.
3. Falta de propósito
Tom Peters, coautor de In Search of Excellence, dice que no hay nada más inútil que alguien que llega al fin del día y se felicita, diciendo: «Bien, pasé el día sin ningún contratiempo». Es lo que hacen muchas personas que le tienen miedo al fracaso. En lugar de ir tras objetivos dignos, evitan el dolor de cometer errores. Y en medio de ese transcurrir pierden de vista cualquier sentido de propósito que alguna vez pudieron haber tenido.
Al tenerle miedo al fracaso y a la inactividad que esto produce, una persona en el ciclo del miedo exhibe efectos colaterales negativos adicionales:
• Autocompasión. Siente pena de sí misma. Y a medida que el tiempo pasa, va asumiendo menos responsabilidad por su inactividad y empieza a pensar de ella como una víctima.
• Excusas. Una persona puede caer varias veces pero no será un fracasado sino hasta cuando diga que alguien lo empujó. De hecho, la persona que comete una falta y luego se excusa, está añadiendo una segunda falta a la primera. Se puede romper el ciclo del miedo cuando se asume personalmente responsabilidad por la inacción.
• Energía desperdiciada. El miedo está dividiendo constantemente la mente y haciendo que una persona pierda el enfoque. Si va en demasiadas direcciones a la vez, no va a llegar a ninguna parte. Se le puede comparar al conductor que aprieta el acelerador con el automóvil en neutro.
• Desesperanza. Si se les deja desarrollarse tranquilamente, el miedo y la inacción continuos roban la esperanza. El poeta Henry Wadsworth Longfellow describió esta situación así: «La declinación de una gran esperanza es como la declinación del sol. Se va el brillo de nuestra vida».
ROMPER EL CICLO
A menudo la gente que quiere salir del ciclo del miedo pasa tiempo sintiéndose culpable por su incapacidad de cambiar. Pero una de las razones para estar atrapados en el ciclo del miedo es que concentran su energía en la parte equivocada del mismo. Como saben que algo que mantiene activo el ciclo es su miedo, creen que tienen que eliminarlo para salir de este. Pero la gran mayoría de las personas no pueden hacerlo. No se puede evitar tener miedo. Ninguna poción mágica lo va a hacer irse. Y no se puede esperar estar motivado para seguir adelante. Para conquistar el miedo, la persona tiene que sentirlo y aun así, actuar.
Hace algunos años, mientras permanecía sentado en la silla de la sala de espera del médico, fijé mí vista en unos párrafos de una revista médica que describen la batalla que se debe llevar a cabo:
Casi a diario oímos decir: cuidado, cuidado, cuidado.
Veo que me cuesta motivarme para… [Perder peso, controlarme el nivel de azúcar en la sangre, etc.] Y oímos igual número de advertencias de educadores en materia de diabetes que no logran motivar a sus pacientes para que hagan las cosas correctas para controlar su diabetes y el cuidado de su salud.
Tenemos algo que decirle. La motivación no se va a producir de repente, como cuando se enciende una luz. Y la motivación no es algo que alguna otra persona, enfermera, médico, un familiar, pueda concederle o forzar en usted. Toda la idea de motivación es una trampa.
Olvídese de la motivación. Solo hágalo. Haga ejercicios, pierda peso, controle el azúcar en la sangre o lo que sea. Hágalo sin motivación y luego, adivine qué. Después que usted empiece a hacer cosas, entonces es cuando aparece la motivación y hace que le resulte más fácil seguir haciendo lo que empezó.
La motivación es como el amor y la felicidad. Es un subproducto. Cuando usted está activamente involucrado en hacer algo, ella se desliza y se mete en usted cuando menos lo espera.  Como dice Jerome Brunner, sicólogo de Harvard: «Es más fácil que usted active a sus sentimientos, que estos lo hagan entrar en acción». ¡De modo que actúe! Sea lo que sea que tenga que hacer, hágalo.
 
EMPIECE A MOVERSE, IMPÚLSESE, COMETA ERRORES, SIGA ADELANTE

Hasta pronto!

Si te gustó mi artículo, favor de dejarme un comentario a continuación. Gracias.

atte. Juan Carlos Pinto

Networker En Tiens

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